Matthieu Ricard responde: ¿A partir de qué edad se puede empezar a meditar? 

Monje budista desde hace cuarenta años, Matthieu Ricard es un experimentado meditador, solicitado con frecuencia por universidades de todo el mundo para sus investigaciones sobre el cerebro.

En Cerebro y meditación Matthieu Ricard dialoga con Wolf Singer acerca del encuentro entre el budismo y la neurociencia. En este fragmento que compartimos, responde a una pregunta clave para el desarrollo y el futuro de las nuevas generaciones.

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Hay tres etapas en nuestro desarrollo emocional. No obstante, creo que es posible introducir una cierta forma de entrenamiento de la mente desde la edad más tierna. En el monasterio de Shéchèn, no enseñamos meditación formal a los niños ni a los jóvenes novicios (que tienen entre ocho y catorce años), pero participan en las largas ceremonias en el templo, lo cual puede asemejarse a grupos de meditación; reina una atmósfera muy apacible, de calma interior y de reposo emocional. Los niños comienzan, por tanto, muy pronto a ser iniciados en estos estados mentales.

Yo creo que ofrecer un entorno que apacigüe la mente más que provocar olas de perturbaciones emocionales, como sucede tan a menudo en el mundo actual con el ruido, la violencia en la televisión, los videojuegos y otros artilugios, constituye una ayuda considerable. 

En un entorno budista tradicional, el aprendizaje a través del ejemplo es el principal modo de educación de los niños.

Ellos observan por sí mismos que los comportamientos de sus padres y de sus educadores se fundan en los principios de la no violencia hacia los humanos, los animales y el entorno. Obviamente, no se puede subestimar la fuerza del contagio emocional, pero hay que tener en cuenta lo que yo llamaría el «contagio conductual». Las cualidades interiores de una persona influyen considerablemente en quienes comparten su vida. Lo más importante es ayudar a los niños a saber identificar sus emociones y las de los demás y enseñarles los métodos básicos que les permiten afrontar los desbordamientos emocionales.