¿Cómo son las personas "vitamina" y por qué es mejor tenerlas cerca?

Para tener un bienestar emocional rodéate de personas positivas, esto es, personas vitamina, porque mejoran tu estado de ánimo y tu salud.

  • Joan Piñol explica en este fragmento de su nuevo libro El bienestar emocional, con ejemplos, vitalidad y humor, por qué es determinante para nuestro bienestar el hecho de rodearnos de personas “vitamina”.

Las personas vitamina son aquellas que transmiten buena energía, que empatizan contigo y te levantan el ánimo. Si después de pasar un rato con una persona llegas a casa con entusiasmo y mejor humor, ten por seguro de que se trata de una persona positiva. Rodéate de este tipo de personas, pues conseguirás que tus días sean más alegres y tu estado de ánimo se contagiará y mejorará. Comer o tomar algún aperitivo, café o refresco con una persona positiva, pasear, hablar, trabajar y hacer deporte es una inyección de endorfina que tu mente y tu cuerpo agradecen. Solo es necesario comprobarlo por la calle, verás personas que simplemente con andar llaman la atención y la gente las mira. También cautivan por cómo se expresan, hablan y sonríen, porque hay algo en ellas que brilla, desprenden positividad y buena energía. Son personas endorfinas.

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Además, te servirán como referente para trabajar tu optimismo, ya que el pesimismo no sirve de nada. Las personas que digan que pensar de manera negativa previene o prepara para lo malo se engañan. Cuando se nos presentan situaciones complicadas o adversas, la emoción de la tristeza aparece igualmente, por eso es mejor pensar que las cosas pueden ir bien y, al menos durante ese tiempo de incertidumbre, también te preparas mentalmente y te predispones a ser más proactivo.

Si sigues este consejo, te puedo asegurar que el resultado final será mucho mejor que si te enfrentas a la vida con una actitud pesimista.

¿Qué es el efecto Pigmalión?

¿Por qué Pigmalión? El efecto Pigmalión se llama así por un mito griego que cuenta que un escultor se enamoró de la estatua que él había tallado en marfil y a la que Afrodita, la diosa griega de la belleza y el amor, dio vida conmovida por sus súplicas.

Con el nombre de efecto Pigmalión se hace referencia a la influencia que tienen sobre las personas las opiniones de su entorno.

En 1966, dos investigadores, Robert Rosenthal y Lenore Jacobson, pusieron en práctica un experimento con el fin de demostrar este efecto. Realizaron una prueba de inteligencia con el objetivo de predecir el potencial académico de los alumnos, para conocer después los que contaban con un mayor potencial. Sin embargo, al dar los resultados a los maestros, dieron los nombres al azar. Al año siguiente, volvieron a realizar la prueba y observaron que los niños de los que sus profesores esperaban un mayor rendimiento habían mejorado más que el resto. El experimento confirmó la teoría.

Por eso:

  • Presta más atención a los puntos fuertes que a las flaquezas de quienes te rodean.

  • Motiva, escucha, apoya y ayuda a fortalecer la autoestima (especialmente de los más pequeños).

  • Presta más atención al esfuerzo que al resultado.

  • Reconoce los aciertos.

  • Entrena tu resiliencia (capacidad para superar dificultades).

  • Agradece a quienes te ayudan.

  • Aléjate de quienes resaltan el más mínimo error que cometes, los negativos, pesimistas, etcétera.

  • Revisa antes de ir a dormir todo lo que durante el día se te ha dado bien y acepta que no puedes ser bueno en todo.

Repítete: Quiero a mi lado personas positivas, pigmaliones, es decir, personas vitaminas/endorfinas. Gente que sume, que me aporte, que me haga reír, que me haga sentir y estar bien.

Te propongo un ejercicio que te servirá como ejemplo:

Dos candidatos exactamente iguales que acuden a una misma entrevista de trabajo: uno de ellos cree que va a conseguir el puesto, mientras que el otro opina que no lo logrará. Ahora imagina cómo actuarán cuando se enfrenten a la entrevista de trabajo.

La actitud marcará la diferencia. El que cree que lo conseguirá investigará sobre la empresa, los proyectos, los clientes y la historia. El otro no se molestará, porque de qué le va a servir investigar acerca de una empresa en la que cree que no va a trabajar.

Mientras el primero mira con detalle cómo llegar a la entrevista y se asegura de salir con tiempo, el segundo seguro que hará lo posible por ser puntual, pero cabe la posibilidad de que no lo consiga.

El que cree que podrá conseguir el trabajo hará todo lo posible por mostrar su mejor imagen y escogerá la ropa con mimo, será positivo, sonreirá, mientras que su compañero quizás no le ponga el mismo empeño.

Al ir a la entrevista, el primero de ellos se mostrará cercano y saludará a quienes ya considera sus futuros compañeros, se mostrará atento e interesado durante la entrevista y hará lo posible por conocer los detalles del puesto. El segundo cumplirá, será adecuado e incluso puede llegar a mostrar interés, pero no tendrá la chispa del primer candidato.

Y... ¿quién crees que logrará el puesto?

Al tratarse de un ejemplo de actitud, no lo podemos saber. Pero lo que sí es seguro es que el primero tendrá la sensación de que ha estado cerca de conseguirlo y seguirá motivado en su próxima entrevista. En cambio, el segundo se reafirmará en su pensamiento de que no va a conseguir un trabajo, lo que exagerará aún más su conducta (nada positiva), dificultando, a su vez, sus futuras candidaturas.

Ahora, imaginaos hacer un viaje por el espacio con una persona negativa, pesimista... ¡Pensadlo! O, mejor dicho, ¡ni lo penséis! Sería un viaje atroz, con ganas de volver a la Tierra a los dos minutos, o de abrir la escotilla y saltar al vacío. Por ese motivo, a la hora de contratar, la NASA da prioridad a las personas con un elevado coeficiente de optimismo, es decir, a aquellas que tienden a ver los aspectos más positivos en todas las situaciones que se les presenten.

Se trata de elegir

José siempre estaba alegre y tenía algo positivo que decir. Cuando alguien le preguntaba cómo le iba, respondía: «Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo». Era un gerente único, por eso varias camareras lo habían seguido de un restaurante a otro por su actitud. Era un motivador natural. Si un empleado tenía un mal día, José estaba allí para ayudarle a encontrar el lado positivo de la situación.

Este estilo me causó curiosidad, así que un día fui a buscar a José y le pregunté:

—No lo entiendo. No se puede ser una persona positiva todo el tiempo, ¿cómo lo hace?

Me respondió:

—Cada mañana me despierto y me digo «tienes dos opciones hoy: puedes elegir estar de buen humor o de mal humor». Opto por estar de buen humor. Cada vez que sucede algo malo, puedo escoger entre ser una víctima o aprender de ello; prefiero aprender de ello. Cuando alguien viene para quejarse, acepto su queja, o puedo señalarle el lado positivo de la vida; escojo señalarle el lado positivo de la vida.

—Sí, claro, pero no es tan fácil –protesté.

—Sí lo es –dijo–. Todo en la vida gira en torno a las elecciones. Cuando quitas lo demás, cada situación es una opción. Eliges cómo reaccionas, cómo la gente afectará a tu estado de ánimo y tú eliges estar de buen humor o de mal humor. En resumen: tú eliges cómo vivir la vida.

Inicié mi propio negocio y perdimos el contacto, pero cuando tenía que hacer una elección importante, pensaba en José. Más tarde me enteré de algo que le había sucedido en un restaurante. Antes de cerrar, se dejó la puerta de atrás abierta y fue asaltado por tres hombres armados. Le obligaron a abrir la caja fuerte, pero, mientras lo hacía, su mano, temblorosa por los nervios, resbaló al marcar la combinación. Los asaltantes sintieron pánico y le dispararon. Afortunadamente, lo encontraron pronto y lo llevaron a urgencias. Después de dieciocho horas de cirugía y algunas semanas de terapia intensiva, José fue dado de alta, aunque con fragmentos de bala en su cuerpo. Me encontré con él seis meses después del accidente y, cuando le pregunté cómo estaba, me respondió:

—Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo.

—¿Qué pensaste en el momento del asalto?

Y contestó:

—Lo primero que vino a mi mente fue que debía haber cerrado con llave la puerta de atrás y, cuando estaba tirado en el suelo, recordé que tenía dos opciones: podía vivir o podía morir. Elegí vivir.

—¿No sentiste miedo?

José continuó:

—Los médicos fueron contradictorios. No dejaban de decirme que me pondría bien. Pero cuando me llevaron al quirófano y vi las expresiones de sus caras, me asusté... Podía leer en sus ojos «¡Es hombre muerto!». Supe entonces que debía hacer algo...

—¿Qué hiciste?

—Bueno... uno de los médicos me preguntó si era alérgico a algo y, respirando profundamente, grité: «¡Sí, a las balas!». Mientras reían les dije: «Estoy escogiendo vivir... opérenme como si estuviera vivo, no muerto».

Vivió por la maestría de los médicos, pero, sobre todo, por su asombrosa voluntad. Aprendí que cada día tenemos la opción de vivir plenamente porque, al final, la actitud lo es todo.

Como moraleja, me gustaría añadir una frase de Viktor Frankl (neurólogo, psiquiatra y filósofo austríaco) que siempre me ha cautivado: «A un hombre le pueden robar todo, menos una cosa: la última de las libertades del ser humano, la elección de su propia actitud ante cualquier tipo de circunstancias, la elección del propio camino».

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