Qigong y la observación de la naturaleza o cómo Desperezarse por la mañana empujando el cielo

Desde la antigüedad, los maestros chinos han ido componiendo los diferentes ejercicios de Qigong, basándose en los movimientos naturales del cuerpo; no únicamente de los hombres, sino también de los animales. El arte del Qigong es el resultado de largas horas de paciente observación y estudio —prueba y error— a través de los siglos.

J.M. Romero es autor de Tao. Las enseñanzas del sabio oculto y El Tao de la energía.

La obra Birds and Plumde la artista Pu Zu (1918-2001), inspirada en las antiguas pinturas tradicionales chinas, caracterizadas por su atenta mirada a la naturaleza y la vida animal. 

Los antiguos chinos estudiaron concienzudamente los movimientos de las aves con vistas a una aplicación médica. Los poéticos títulos de ciertos ejercicios, como La grulla extiende las alas o El gallo dorado sobre una pata, así nos lo recuerdan. 

El ejercicio Empuja el cielo, por ejemplo, sistematiza el movimiento que espontáneamente ejecutamos al desperezarnos, cuando abrimos con amplitud brazos y pecho para revitalizar la circulación de energía y facilitar así el paso del estado de sueño al de vigilia. No ha de sorprender pues, que sea precisamente este ejercicio el que inicia la serie de las 8 Piezas de Brocado. Según el reputado maestro chino malasio Wong Kiew Kit, autor de varias obras de referencia sobre el tema, éste es uno de los ejercicios más beneficiosos de Qigong.

Empuja el cielo: tras ascender por el centro, las manos llegan al cielo, para luego descender por los costados.Detalle de la ilustración de Raül Grabau para El Tao de la Energía.

En Empuja el cielo, será la parte superior del cuerpo la que obtendrá mayores beneficios. Obviamente la columna, el cuello y los brazos, pero también los órganos internos como conjunto, perfectamente ordenado en el espacio que los chinos denominan «Triple calentador», compuesto por tres partes diferenciadas:

  • Superior (corazón y pulmones)

  • Media (hígado, vesícula, bazo, estómago) 

  • Inferior (vejiga, riñones, intestino delgado, intestino grueso).

El médico chino se informará del estado de cada una de las partes tomando el pulso en un punto diferente de la muñeca.

El fundamento de la medicina tradicional china es la idea de conexión entre todas las cosas. No se trata de especulaciones nebulosas, sino de realidades materiales. Cuando en Empuja el cielo levantamos los brazos, rotamos las manos y movemos los dedos, debemos ser conscientes de que la acción afecta, en mayor o menor grado, a todo el cuerpo.

Los mapas de meridianos muestran el sistema de comunicación energética en el cuerpo. Si nos centramos en el brazo, nos damos cuenta de que seis de estos canales lo recorren hasta la punta de los dedos: al pulgar llega el meridiano del pulmón, y al índice el del intestino grueso; al dedo corazón el del pericardio, y al anular el del triple calentador; en el meñique, finalmente, confluyen los meridianos del corazón y del intestino delgado.

Para beneficiarse del Qigong, no es necesario poseer conocimientos técnicos de Medicina Tradicional China –disciplina harto compleja, por lo demás–. Sí que es esencial, en cambio, comprender los principios subyacentes de energía, dinamismo e interrelación, que marcan la diferencia con respecto a la gimnasia corriente.

Gracias a estos principios, el Qigong puede llevarnos más allá del mero mantenimiento físico. Para los antiguos chinos, el cuerpo es un microcosmos, y la asimilación de sus mecánicas implica una mejor comprensión del macrocosmos. El Dalai Lama suele repetir que la sabiduría consiste en percibir las relaciones profundas entre las cosas. Tanto en nuestro propio ser, como en lo que nos rodea. También Jon Kabat-Zinn, científico desarrollador de la exitosa práctica del mindfulness (técnicamente, MBSRMindfulness Based Stress Reduction), insiste en este punto.

No hay nada sagrado en todo este conocimiento. Es cosa del ser humano, siempre incompleto, siempre susceptible de mejoras. Es, en definitiva, sabiduría de aluvión.  Los practicantes de Empuja el cielo, por ejemplo, ejecutan el ejercicio con matices diferentes, como puede comprobarse en internet.  La propia práctica del mindfulness del Dr. Kabat-Zinn no es sino una versión, brillantemente actualizada,  de la meditación de toda la vida.

Obra del artista Huang Quan (903-965).

En el I Ching, el último hexagrama –sí, precisamente el último– se titula Inacabado. ¿Extraño? Todo lo contrario. Tras el ciclo de sesenta y cuatro capítulos, la vida continúa, y todo está por hacer.

Anterior
Anterior

Serenidad: pensamientos para encontrar tu refugio cuando tienes ganas de tirar la toalla

Siguiente
Siguiente

Practicar yoga con niños: Los primeros consejos y nociones de Ramiro Calle