Practicar yoga con niños: Los primeros consejos y nociones de Ramiro Calle

La práctica del yoga, tradición milenaria y fascinante cuyos beneficios son tanto físicos como anímicos, es también una excelente vía para que los más pequeños aprendan a relacionarse con su cuerpo, la respiración y la concentración.

El maestro Ramiro Calle, pionero del yoga en España y autor de más de cuarenta libros, aúna en Yoga para niños su experiencia como aprendiz y maestro de yoga y lo pone al servicio de padres, madres y educadores. En este artículo podrás leer las primeras nociones iniciales antes de entrar en las prácticas y ejercicios concretos.

Los niños aprenderán tanto a respirar como a relajarse, así como también pueden hacer ejercicios para mejorar la concentración.

¿Cuándo comenzar con la práctica del yoga?

Los maestros que he tenido ocasión de consultar en la India me han asegurado que a partir de los 7 u 8 años, aproximadamente. Desde esta edad, el niño ya puede practicar las posturas del yoga que son habituales en programas para adultos, pero será aconsejable hacerlas un mayor número de veces, manteniéndolas menos tiempo, para agilizar la práctica y evitar el aburrimiento y, también, porque el niño, a esas edades, suele ser muy activo (y nervioso)m y si mantiene demasiado las posturas puede experimentar tedio, sobre todo en las primeras lecciones. 

«Los programas para el niño deben ser atractivos, ágiles, variados e incluso divertidos. Los niños que comiencen a practicar antes de la edad indicada deben ser instruidos a modo de juego, impartiendo a la práctica un gran sentido lúdico»

—Ramiro Calle

La madre o el padre deben practicar con ellos, planteando las clases como un divertido juego cuando se trata de niños tan pequeños, haciéndoles asumir la postura como si estuvieran imitando a un gato o a otro animal. Los padres harán la postura y le dirán al niño que trate de imitarla; también le pueden tocar y colocar el cuerpecito, sin forzar, en la postura seleccionada. 

Los niños, pues, que comienzan a practicar con menos de 7 u 8 años requieren una atención especial y programas muy singularmente aplicados a ellos, donde el papel de los padres es esencial. Para la relajación, uno de los padres, a la vez que va enumerando las distintas zonas del cuerpo,  puede ir tocando al niño por áreas y pidiéndole que se sienta como un muñeco de trapo totalmente suelto. 

No hay niño alguno que no pueda beneficiarse del yoga físico. De hecho, este hallará en el yoga físico todavía más beneficio que el adulto y, además, si se habitúa saludablemente a su práctica, ya jamás la abandonará, y de adulto encontrará un gran placer en llevarla a cabo. 

El yoga desempeña un papel muy importante para prevenir y ayudar a combatir trastornos habituales en niños y adolescentes como los relacionados con la alimentación (innumerables trastornos de apetito, sin olvidar la bulimia y la anorexia), las alteraciones de la estática del crecimiento, los traumatismos por hiperactividad propia de la edad, las alteraciones psíquicas, los trastornos  de relación con los padres u otros niños, las perturbaciones emocionales varias, los trastornos derivados de la escolaridad o estrés escolar y tantos otros. 

Las técnicas del yoga se extienden a todo el organismo y, actuando sobre el cuerpo como sobre la mente, mejoran el rendimiento psicosomático, armonizan cuerpo y mente (mejorando la interconexión entre ambos) y disciplinan y fortalecen el carácter. Los niños y adolescentes pueden canalizar parte de su nerviosismo de manera constructiva con la práctica del yoga físico, aprendiendo a conocer vivencialmente su cuerpo y pudiendo neutralizar la agitación psicosomática y el exceso de agresividad. 

«Todas las técnicas del yoga físico tranquilizan el sistema nervioso y pacifican las emociones»

—Ramiro Calle

Lo ideal es que el niño practique yoga dos veces por semana, pero de no ser posible, puede hacerlo una vez a la semana. Además, cuanto más asiduamente lo practique, antes se familiarizará con las técnicas del yoga y antes encontrará placer en su práctica. Es preferible que los niños pequeños practiquen con sus padres o con otros niños o con hermanos, si los hubiere

La sesión de yoga debe durar, aproximadamente, de 30 a 40 minutos (la de un adulto suele durar una hora u hora y media) y puede estructurarse de la siguiente forma:

Estructura recomendada de una clase de yoga para niños

1. La ejecución de las posturas del yoga seleccionadas.

2. Unos minutos de práctica del control respiratorio.

3. La práctica de la relajación, durante unos 4 o 5 minutos.

• De haber tiempo, el niño puede aplicar un ejercicio de concentración o meditación durante unos minutos.

• Es aconsejable que, entre postura y postura, el niño efectúe una pausa de relajación de unos 30 o 45 segundos. 

«Es muy importante que el instructor anime al niño, le de las explicaciones oportunas y le estimule diciéndole lo bien que lo está haciendo y cuánta flexibilidad está obteniendo, pero haciéndole comprender que no se trata de hacer esfuerzos intensos, sino moderados y persistentes.»

—Ramiro Calle

Hay que corregirle con simpatía, sin que él pueda sentir que las correcciones son coercitivas, para que no le genere antipatía. Por supuesto, y como he hecho saber a innumerables padres, jamás hay que imponer la práctica del yoga al niño, pues en ese caso sentirá rechazo y, por ello mismo, puede que jamás le dé una oportunidad. Hay que pedirle que pruebe, con razonamientos oportunos, o invitarle a que practique con los propios padres, siempre utilizando argumentaciones de acuerdo con su edad. 

En las experiencias de yoga, llevadas a cabo con niños, se ha puesto de manifiesto que estos lograban tranquilizarse extraordinariamente mediante su práctica, y que incluso los más nerviosos o agitados se calmaban. Cuando su nerviosismo o alteraciones emocionales eran la causa de sus fracasos escolares, practicar yoga les ayudaba a mejorar su rendimiento escolar y se sentían más motivados con los estudios y menos tensos con los mismos. 

El yoga también mejora el comportamiento del niño, estabiliza su carácter, clarifica su visión, intensifica su capacidad de percepción, mejora en todos los órdenes su tono neuromuscular, equilibra su afectividad, intensifica su capacidad de concentración y le permite sentirse mejor consigo mismo, más armónico. Las posturas del yoga, sin duda, armonizan el desarrollo motor-sensorial y mejoran el equilibrio y la coordinación corporeidad-mente. 

 «Con el discurrir de los años, la filosofía del yoga, basada en el respeto, la tolerancia, la no-violencia, el amor y la compasión, irán incorporándose a la psique del adolescente a medida que se vaya convirtiendo en un jovencito.» 

—Ramiro Calle

Aprovecho aquí para decir que, jamás, el niño o el adolescente debe recibir la enseñanza de un yoga tintado por doctrinas o adoctrinamientos, sino la de un yoga aséptico y sin ningún tipo de doctrina religiosa. Que no vea ningún tipo de solemnidad, excesivo rigor o seriedad, aunque es bueno hacerle comprender que, si practica con atención las técnicas, estas le serán más beneficiosas. Es importante que vaya aprendiendo a sentir su cuerpo, a conocerlo con la experiencia y a familiarizarse con sus sensaciones y movimientos. 

Hay que hacerle entender que el yoga le hará sentirse mucho mejor, más contento y ligero; en suma, más alegre y feliz. Así, finalmente, cuando se aproxime la época de exámenes, las técnicas del yoga serán muy tranquilizantes para estos pequeños practicantes. 

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