Tu rostro refleja el alma

El rostro, reflejo del alma, es la imagen de tu propia identidad y representa la parte visible más profunda y real del ser. En las facciones, se muestran las características hereditarias, la identidad y los rasgos de la historia personal. Resulta sorprendente ver cómo una región tan pequeña guarda la extensa cromática de la diversidad universal.

Todos los días cuando te miras en el espejo, seguramente, lo primero que ves cada mañana es tu propio rostro. Los espejos tienen una fuerza magnética que ejerce una inevitable atracción relacionada con el yo.

Aunque cara y rostro se entienden habitualmente como sinónimos, ambos dan lugar al binomio yin‐yang, en el cual el rostro está directamente vinculado a la fisonomía anatómica, mientras la cara es el espacio en el que se manifiesta la expresión humana de los acontecimientos y se escenifican los roles del guion de la vida. La cara es la máscara en la complejidad de la comunicación con los demás. «¡Menuda cara has puesto!»

Las distintas emociones se conjugan en la cara y dejan la huella de la experiencia vital en el rostro, que, al igual que un lienzo, refleja en sus matices los meandros del río de la vida. Al rostro lo miras, en cambio la cara la puedes cambiar según las circunstancias: «¡Qué cara puso!», «¡Tiene dos caras!».

La cara se adecúa generalmente a los acontecimientos o intereses personales. En cambio, el rostro es una obra natural y única de tu arquitectura corporal que, sin planos ni guías, construyes en el quehacer del día a día. Dicho en otras palabras, con el rostro te muestras al mundo y con la cara te comprometes y «das la cara» en los diferentes contextos de tu vida.

«El rostro no es jamás opaco del todo; el alma se muestra a través de sus muros».

Aldous Leonard Huxley

La joven de la perlatal vez sirva como ejemplo para ilustrar lo expuesto, porque es una de las obras de arte que mejor reflejan el espíritu y la serenidad del alma humana. Esta pintura famosa del holandés Johannes Vermeer, transmite una luz hipnótica que cautiva a quien aprecia los matices del rostro de la joven, envuelto en un halo de misterio y sutil secreto que guarda cada pincelada de la expresión facial. A veces, un cuadro te puede contagiar una cierta energía, y lo mismo ocurre cuando las personas posan su mirada en tu rostro.

En los trazos del rostro humano se asoma, genuinamente, todo lo oscuro y luminoso del ser. A través de él, estableces un puente de unión entre tú y los demás. En realidad, en cada línea facial se registra el viaje de tu cuerpo emocional a lo largo y ancho de tu existencia, tanto en el aspecto íntimo como en el social.

«Las palabras esconden en su rostro esencias diminutas».

Ana Merino

El cuerpo emocional. Juan José Plasencia.

Hace algunos años acudió a mi consulta una persona con altos niveles de estrés físico y emocional. Si bien intentaba sonreír y mantener las formas detrás de una discreta capa de maquillaje, su rostro reflejaba contradicción, temor y duda. En la conversación previa, me comentó que venía porque le habían recomendado recibir algún tipo de terapia, pero sentía vergüenza porque nunca se había sometido a una terapia física y tampoco energética y, a decir verdad, no estaba muy segura de que fuera lo que necesitaba.

Le ofrecí una terapia facial, para que pudiera experimentar las sensaciones y los beneficios de un tratamiento que no implicaba la totalidad de su cuerpo. Después de acordar que podía dejarlo en caso de sentirse incómoda, aceptó mi propuesta. Comencé la sesión con delicadeza y tacto sensible. La finalidad era dispersar la región relacionada con el pensamiento consciente. Desde esos primeros minutos la terapia transcurrió lenta y con total serenidad.

Al finalizar la sesión, se descubrió un rostro apacible, libre de tensiones, con una mirada luminosa y radiante. Me comentó lo sorprendida que estaba al sentir todo su cuerpo relajado. Recuerdo que incluso dijo: «¡Solamente me ha tocado el rostro! y creo que hasta he dejado de pensar».

El rostro refleja tu auténtica naturaleza interior, la que desvela tu herencia y tu historia en el plano terrenal. Es esa dimensión casi desnuda del yo, que te permite ser visto y ver a los otros. Del mismo modo, es la región más sensible y expresiva de tu anatomía, la que revela con mayor fidelidad los sutiles cambios, tanto externos como internos, que acontecen en tu cuerpo emocional.

Según la antigua sabiduría oriental, una vez que se alcanza la edad adulta, eres el único responsable de tu rostro.

Desde la niñez hasta la juventud, contiene principalmente los signos de la herencia familiar y del entorno, los cuales conforman los denominados rasgos constitucionales. Cuando la persona comienza a asumir la propia vida, va recreando su rostro. Los fracasos, las alegrías, los logros, las frustraciones, todo lo relacionado con la forma de vivir va dejando una impronta intensa o activa en el rostro. Naturalmente, este va adquiriendo día a día unas características particulares, que dan forma a los rasgos condicionales, aquellos que dejan de manifiesto la naturaleza subyacente en tu cuerpo emocional.

«A partir de cierta edad cada persona es responsable de su rostro».

Juan José Millás

La salud es uno de los aspectos que con más evidencia se observa en el rostro. La piel, los ojos, la nariz, la boca e incluso las arrugas son claros indicadores del estado general del organismo. Cuando la salud se altera, es evidente que el rostro se transforma. La alteración depende del grado de desequilibrio de la energía orgánica y puede ser drástica o sutil. Los cambios drásticos en el rostro se experimentan principalmente en las enfermedades agudas y, a medida que la enfermedad remite, la persona recupera poco a poco su semblante. Los cambios sutiles son probablemente los más importantes para observar, ya que representan las posibles alteraciones que está experimentando tu organismo en forma crónica y que puedes atender a tiempo.

Observar el propio rostro, fijándote en ciertos indicios es una forma de reconocer cómo te sientes cada día. Cuando lo hagas, has de tener en cuenta que si buscas signos relacionados con la salud física, debes descartar la observación en los momentos de mucha alteración emocional, así como también después de haber comido, cuando tienes sueño o incluso luego de haber mantenido relaciones sexuales.

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