7 cosas que podemos aprender de los animales

El bioquímico Rupert Sheldrake resume en este fragmento de su libro Caminos para ir más allá una serie de lecciones espirituales que pueden aprenderse de los animales.

Los animales pueden ayudarnos de muchas maneras, algunas prácticas, algunas emocionales y otras espirituales. Aquí resumo algunas de las lecciones espirituales que podemos aprender de ellos. Por espiritual entiendo un fluir de la conciencia que nos conecta a formas de conciencia más inclusivas, más elevadas, e incluso a la fuente misma de la conciencia. Algunas de estas lecciones espirituales nos dan un sentido más realista de nosotros mismos, en lugar de la suposición narcisista de que somos los dueños y poseedores de la naturaleza, que es nuestra por derecho propio, y se entiende como una maquinaria que podemos controlar.

1. Humildad

Los animales no humanos pueden enseñarnos humildad. Muchos animales tienen capacidades sensoriales muy superiores a las nuestras, como la capacidad de los perros para escuchar sonidos muy por encima de nuestro rango de audición, y los tejones, la capacidad de oler con mucha mayor sensibilidad que nosotros. Las águilas pueden ver animales como el ratón desde una altura de docenas de metros, una agudeza visual cuatro o cinco veces superior a lo que puede ver un ser humano. La visión de las abejas funciona en el ultravioleta, mucho más allá de nuestro espectro visual. Los tiburones detectan campos eléctricos de los que nosotros no somos conscientes. Los murciélagos vuelan con rapidez y atrapan a su presa en el ala por ecolocalización.

De manera parecida, muchos animales tienen capacidades físicas que exceden con mucho las nuestras, como la capacidad que tienen los gibones para saltar de árbol en árbol, o los gavilanes para elevarse en las corrientes térmicas; los topos para excavar en el suelo, encontrando su camino en la oscuridad total, y las tortugas marinas para migrar durante miles de kilómetros hasta la isla en la que nacieron. Algunos tipos de animales, como los tardígrados, son mucho más resistentes que nosotros frente al calor, el frío, la presión, la radiación o la deshidratación extremos que rápidamente matarían a un ser humano. Nosotros tenemos capacidades intelectuales, tecnológicas, lingüísticas y de otro tipo que otros animales no tienen; pero otras especies tienen capacidades que exceden con mucho las nuestras, incluso cuando nos ayudamos de la tecnología.

2. El amor incondicional

Muchas religiones fomentan el amor o la compasión incondicional como una virtud, y ven la fuente del amor en la realidad espiritual última, llámesele Dios o de otro modo. Muchos humanos muestran amor incondicional hacia otros seres humanos, como hacen muchos padres con sus hijos; y los santos constituyen algunos de los ejemplos más destacados de amor desinteresado. Los miembros de muchas especies animales también muestran amor incondicional, y están dispuestos a morir para salvar a sus pequeños o a otros miembros de su grupo. Entre los insectos sociales –hormigas, avispas, abejas, y termitas–, la mayoría están dispuestos a dar su vida por el bien de la sociedad en conjunto. Y cuando los animales establecen vínculos con nosotros, a menudo muestran un amor incondicional hacia nosotros.

Podemos decidir ver este comportamiento como puramente instintivo, programado por genes egoístas para fines egoístas. Pero el amor que puede fluir a través de los animales hacia nosotros, y desde nosotros hacia ellos, puede que no solo implique nuestras emociones y las de los animales, quizás sea parte de un mayor flujo de amor al que tanto nosotros como los animales estamos conectados.

3. Sanación

Muchos animales de compañía tienen una presencia sanadora. Este efecto depende de las buenas intenciones y de su amor. Los seres humanos también pueden tener una presencia sanadora. Los animales nos muestran que estar presente de un modo amoroso con alguien que lo necesite puede ayudar a esa persona a sentirse mejor emocionalmente, y puede ayudar también al proceso de sanación. Podemos llamar a esto un aspecto del efecto placebo, si queremos, pero los efectos placebo funcionan.

4. Sensibilidad

Muchos animales muestran una sensibilidad intuitiva mayor que los humanos. Son sensibles entre sí, y cuando viven con humanos algunos son sensibles a las emociones, las intenciones y las necesidades humanas, incluso a distancia. Sus capacidades telepáticas nos recuerdan que nuestras propias intuiciones forman parte de nuestra naturaleza animal, aunque a menudo las ignoremos. Las premoniciones animales –como los animales que parecen anticipar los terremotos y los tsunamis– también nos recuerdan que muchos animales tienen modos de conocer que nosotros hemos olvidado, o que han caído en desuso.

5. Estar presentes

Con frecuencia somos distraídos por nuestros pensamientos, nuestras preocupaciones, nuestras reflexiones, nuestros resentimientos y nuestras fantasías. Para volver al presente, podemos adoptar prácticas espirituales como la meditación. Pero muchos animales viven en el presente sin esas distracciones como un estado normal de ser. La mayoría de los animales no humanos viven más intensamente en el presente que la mayoría de los humanos. Ellos participan con más plenitud en lo que sucede. Podemos aprender de ellos cómo estar más presentes.

6. La muerte

Cuando vivimos la muerte de animales que amamos, aprendemos sobre la pérdida y la pena; y aprendemos que la vida sigue. Para muchos niños, la muerte de una mascota querida es el primer encuentro con la pérdida y el dolor.

7. El gozo

Muchos animales parecen experimentar alegría o dicha con el juego, volando o nadando, saltando, moviéndose con gracia, o cantando. Nos recuerdan que el gozo es inherente al mundo, no está solo en nosotros. Nuestro gozo y el gozo de otras especies tienen una fuente común. En la concepción hindú, la realidad última es sat-chit-ananda, ser-conciencia-gozo. Sat-chit-ananda subyace a los humanos y a los demás animales, a toda la naturaleza, y uno de sus aspectos es el gozo.

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