La familia crece: Familia nuclear, familia extensa y familia afectiva

Vivimos acostumbrados a pensar en un solo tipo de familia: la que nos ha venido dada y conocemos con el nombre de familia nuclear. Sin embargo, como explica Fina Sanz en su último libro La pareja, un proyecto de amor, hay otros tipos de familia de vital importancia, como la familia extensa y la familia afectiva. Además, como argumenta la autora en este fragmento del libro, será muy importante valorar qué tipo de relación establecemos entre nuestra pareja, en caso de tenerla, y nuestra familia afectiva.

Fina Sanz. Autora del libro La pareja, un proyecto de amor.

Al margen del tipo de familia que quieras establecer con tu pareja, es importante identificar de qué tipo de familia vienes y te han educado, y dentro de qué modelo familiar te has desarrollado, porque eres producto de tu historia y a partir de ella has de crear tu propio espacio personal y debes ir construyendo también un espacio de pareja.

Si has nacido en una familia nuclear tienes una madre y un padre, unas hermanas y hermanos... En principio, en nuestra cultura,[1] no eres responsable de la familia en la que te ha tocado vivir. Puedes haber tenido más o menos suerte, puede ser una familia maltratante o bientratante, que te ha querido, arropado, acompañado, escuchado en tus procesos, o todo lo contrario. Puedes haber nacido en una familia estructurada o desestructurada, con unas creencias, valores y comportamientos que te han favorecido para crecer feliz o todo lo contrario, que solo te ha aportado sufrimiento y daño.

Aprendemos de todos los procesos de nuestra vida y, cuando somos conscientes de ello, tenemos que revisar nuestra vida pasada para agradecer en nuestro corazón lo bueno que vivimos en esa familia que hemos tenido, lo que nos ayudaron y aportaron a nuestro bienestar, para aprender a relacionarnos.

O, por el contrario, debemos elaborar los duelos necesarios con nuestro padre, madre, hermana/o... por aquel comportamiento que tuvo, por esa actitud que nos produjo tanto dolor. Porque el pasado no se puede cambiar, hay que poder hacer el duelo para cerrar etapas y abrirnos al presente que queremos.

Si no lo hacemos, quedamos como enganchados/as al pasado y fácilmente podemos repetir patrones en un futuro, en nuestras relaciones y con nuestra pareja.

Familia extensa

La familia extensa son los otros miembros de la familia con quienes podemos tener más o menos relación: abuelas/os, tíos/ as, primos/as... También podemos decir que no tenemos responsabilidad sobre la familia extensa que nos ha tocado. Aunque es interesante porque, además de poder crear otros vínculos y ver otros valores y comportamientos, parecidos o no a los de la familia nuclear, pueden aparecer figuras de maternaje o paternaje que complementen o sustituyan a las de la familia nuclear si han sido dañadas o han estado ausentes, pudiendo tener varias figuras de apoyo y apego. Así, por ejemplo, puedes haber tenido figuras de maternaje positivo con tu madre, una abuela o una tía, y de paternaje positivo con tu padre y un abuelo o con un primo mayor. Esas figuras que han ejercido de madre o padre amorosos y solidarios, por quienes te has sentido acompañada/o incondicionalmente para que seas feliz.

Familia afectiva

Otra cuestión es la familia afectiva porque esa sí es tu responsabilidad. Es la gente que vas incorporando a tu vida, a la que quieres y te quiere incondicionalmente.

Podemos ver a esas personas con más o menos frecuencia, no necesariamente estamos de acuerdo en todo y podemos discutir con ellas sobre muchas de nuestras opiniones, pero siempre existe respeto y amor incondicional. Es una base afectiva imprescindible para el equilibrio emocional. Necesitamos vínculos, buenos vínculos donde el amor esté siempre presente, ese amor profundo de la amistad.

Nuestra familia afectiva puede estar constituida por amigas/os de la infancia, del colegio, con quienes hemos transitado todo un período escolar; por compañeros/as de la universidad, del trabajo, de nuestro pueblo; por personas a las que conocimos en vacaciones, en proyectos solidarios, etc., y con quienes hemos compartido alegrías y penas. Nos hemos acompañado y hemos sentido nuestro amor incondicional, nuestra amistad, nuestra solidaridad.

A lo largo de esas experiencias con lo vivido, vamos construyendo esa familia afectiva, esa red, que está en movimiento en toda nuestra evolución. Hay gente que perdemos, que se va o con la que ya no existe ese vínculo, aunque nos veamos y compartamos; y a la vez vamos incorporando nuevas personas que conocemos a lo largo de nuestra vida.

Por supuesto, podemos incluir dentro de nuestra familia afectiva a miembros de nuestra familia nuclear y extensa. Quiero decir que podemos amar profundamente a miembros de nuestra familia de origen, pero sabiendo que podemos contar o no con ellos en forma incondicional.

La familia afectiva, tal y como la entiendo y la explico, debe tener características no solo de amor y amistad, entendida esta como manifestación amorosa, sino sobre todo de incondicionalidad. En el sentido de que existe un amor y un cariño profundo, y nos queremos y cuidamos mutuamente al margen de que haya divergencias y que no estemos de acuerdo en muchas cosas.

Evidentemente, nuestra pareja tendría que formar parte de nuestra familia afectiva porque, si no ¿qué tipo de vínculo estamos estableciendo?

Uno de los errores que cometen algunas personas es que, cuando encuentran pareja, abandonan a su familia afectiva para centrarse solo en la pareja. Eso es un enorme error porque la familia afectiva es una base amorosa y de vínculos necesarios que forma parte de nuestro espacio personal y que nos acompaña, tengamos o no pareja. Una de las consecuencias de este error es que, cuando nos va mal con la pareja o nos separamos, nos encontramos con un vacío, nos hemos quedado sin la familia afectiva porque en su día la abandonamos.

La familia afectiva debe ser cultivada, creada con amor, como hemos de cuidar a nuestra pareja y a su espacio, que ha de sumarse de manera especial y extraordinaria a nuestra familia afectiva para multiplicar nuestro bienestar.

Notas

[1] En otras culturas se considera que eliges dónde nacer, para hacer algún trabajo personal, reparar algo, espiritualmente.

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