Los tres elementos de la autocompasión

Si la compasión es aquello que nos impulsa a querer aliviar el sufrimiento ajeno, la autocompasión consiste en reconocer en nosotros mismos ese dolor, no para regodearnos en él sino también para reducirlo y comprenderlo. Como explica el maestro zen Dokushô Villalba en su libro Atención Plena. Mindfulness basado en la tradición budista, los tres elementos de la autocompasión nos permiten gestionar la frustración desde la amabilidad, la humanidad compartida y la Atención Plena, ampliando con esta última la perspectiva de nuestros sentimientos y pensamientos negativos.

1. Amabilidad consigo mismo
La autocompasión implica ser amoroso y comprensivo consigo mismo cuando uno se encuentra en una situación de sufrimiento, o cuando uno fracasa, o se siente inadecuado, en vez de ignorar el propio dolor, o de flagelarse mediante la autocrítica.

Las personas autocompasivas reconocen que son imperfectas, que comenten errores, que fallan a veces y que las experiencias difíciles son inevitables en la vida. Por lo cual tienden a ser amables con ellas mismas cuando se enfrentan a experiencias dolorosas, en lugar de enfadarse cuando la vida no está a la altura de los ideales establecidos. Uno no siempre puede llegar a ser o conseguir lo que quiere. Cuando esta realidad es negada o se lucha contra ella, el dolor y el sufrimiento aumentan en forma de estrés, frustración y autocrítica. Cuando esta realidad es aceptada con empatía y amabilidad, uno experimenta una mayor ecuanimidad emocional.

2. Humanidad compartida
La frustración, que aparece cuando las cosas y uno mismo no son como uno quiere que sean, suele ir acompañada por un sentimiento irracional e intenso de aislamiento, como si uno fuera la única persona que sufre o comete errores. Sin embargo, todos los seres humanos sufrimos y cometemos errores.

«Ser humano» significa que uno es mortal, vulnerable e imperfecto. Por lo tanto, autocompasión implica reconocer que el sufrimiento y la insuficiencia personal forman parte de la experiencia humana compartida por todos, es decir, ese algo que nos pasa a todos no es algo que me sucede solo a mí.

3. Atención plena
La autocompasión también requiere un enfoque equilibrado de nuestras emociones negativas. Esto es, nuestros sentimientos no deben ser ni suprimidos ni exagerados. Esta postura equilibrada surge cuando relacionamos nuestras experiencias personales con las de otras personas que también están sufriendo, poniendo así nuestra propia situación en una perspectiva más amplia.

Gracias a la actitud autocompasiva, podemos desarrollar la voluntad de observar nuestros pensamientos y emociones negativas con apertura y claridad, manteniéndolas en la conciencia clara. La atención plena es un estado de la mente sin prejuicios, receptivo, en el que se observan los pensamientos y los sentimientos tal y como son, sin tratar de suprimirlos o negarlos. No podemos ignorar nuestro dolor y sentir compasión por nosotros mismos al mismo tiempo. La atención plena nos permite no sobreidentificarnos con nuestros pensamientos y sentimientos negativos, de forma que no nos dejamos atrapar ni arrastrar por ellos.

Editorial Kairós

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Las cuatro grandes emociones saludables y sus contrarias según la tradición budista

La tradición budista identifica cuatro grandes estados emocionales saludables [1]: el amor bondadoso, o la bondad; la compasión; la alegría por el bien de los demás y del nuestro propio, y la ecuanimidad. Los define el maestro zen Dokushô Villalba en este fragmento de su libro Atención plena. Mindfulness basado en la tradición budista.

La bondad

El amor bondadoso, o la bondad, [2] consiste en querer el bien y la felicidad de los demás. «¡Qué todos los seres sean felices! ¡Qué todos puedan liberarse del sufrimiento, de la confusión, del miedo y de la ignorancia!», es el voto profundo que surge desde el fondo de un corazón henchido por la bondad.

Tiene un enemigo cercano, algo que se le parece, pero que no lo es: el amor condicional, parecido a una inversión en bolsa que siempre espera más de lo que se invierte. El amor condicional es un amor interesado. La bondad no espera nada a cambio, salvo el bien y la felicidad del otro. La emoción opuesta es aquella que quiere la desgracia de los demás, y se regodea en ella.

La compasión

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La compasión [3] es un sentimiento que nos hace desear que los demás estén libres del sufrimiento y de sus causas y que nos impulsa a hacer todo lo que está en nuestra mano para ello. La compasión tiene como base la empatía, la capacidad de sentir en uno mismo lo que siente el otro. Cuando la empatía se ve confrontada con el dolor del otro, se convierte en compasión: un irrefrenable impulso de hacer todo lo posible para que el otro deje de sufrir.

Tiene un enemigo cercano, algo que se le parece, pero que no lo es: la lástima, la conmiseración. Desgraciadamente, mucha gente confunde compasión con lástima. La lástima se coloca en una posición distante y altanera: «¡Pobrecitos ellos que sufren!». Considera que el dolor de ellos es solo su dolor. La compasión nos hace sufrir con el que sufre. Su dolor es también nuestro propio dolor y, por consiguiente, se implica en resolver la situación. El estado emocional opuesto a la compasión es la crueldad, el desear el dolor de los demás y el regocijarse en ello.

La alegría por el bien ajeno

La alegría por el bien ajeno [4] significa sentirse feliz con los logros, el bien y la felicidad de los demás. Alegrarse por ellos y con ellos. Tiene un enemigo cercano, algo que se le parece, pero que no lo es: la hipocresía, la afectación, el hacer creer al otro que nos alegramos cuando, en verdad, no es así.

Su estado opuesto es la envidia, los celos, el resentimiento, la no aceptación de los logros y de la felicidad de los demás.

La ecuanimidad

La ecuanimidad [5] es el estado emocional que no distingue entre amigo y enemigo, entre uno mismo y los demás, entre cercanos y extraños; consiste en ver a todos los seres vivientes, incluido uno mismo, como iguales, y con la misma inclinación a vivir en un estado exento de dolor y sufrimiento.
Su enemigo cercano es la indiferencia, la creencia de que «no preocuparse» por los demás es ecuanimidad.
Y su opuesto es la inquietud, la parcialidad, la paranoia causada por el hecho de dividir a los seres y las cosas en buenos y malos, amigos y enemigos, cercanos y extraños.

Notas

  1. Llamadas en el budismo Brahma-vihāras (p), literalmente «las moradas de Brahma»; y también Appamannā (p), literalmente «los cuatro estados inconmen‐ surables». Esta exposición sobre las cuatro grandes emociones saludables sigue la inspiración del monje Nyanaponika Thera. Las fuentes de esta enseñanza se encuentran en: a) el Karaṇīyamettā Sutta, que se encuentra en el Suttanipāta y en el Khuddakapāṭha. (Khp 9); b) el Mettānisamsa Sutta, que se encuentra en el Anguttara Nikaya (discursos numéricos), y c) «El Camino de la Purificación», Visuddhimagga, un texto del siglo V atribuido al monje Buddhaghosa.

  2. Metta (p), maitri (s).

  3. Karuná, en (s) y en (p).

  4. Muditâ, en (s) y (p).

  5. Upekkha, en (p) y upeksa en (s)