El profesor que meditó por primera vez junto a sus alumnos

El maestro zen Thich Nhat Hanh lleva enseñando el arte de vivir con plena consciencia desde hace más de setenta años. Dentro de su trabajo como divulgador, ha dado especial importancia a la educación en la infancia, como en uno de sus anteriores libros, Plantando semillas. En su nuevo libro Los educadores felices cambian el mundo dedicado a maestros y profesionales del ámbito de la educación, ha trabajado conjuntamente con Katherine Weare, reconocida internacionalmente por sus escritos, charlas e investigaciones en el desarrollo de la plena consciencia y la compasión entre niños y jóvenes.

En este fragmento del libro, Thich Nhat Hanh comparte la experiencia de un profesor que, tras una estancia en la comunidad Plum Village —fundada por el maestro zen—, decidió aplicar el aprendizaje con los alumnos de su aula, con resultados enormemente positivos.

Henri era profesor de matemáticas en la Escuela Francesa de Toronto que, al regresar a su escuela después de pasar tres semanas en Plum Village, empezó a practicar junto a sus estudiantes. Entró en el aula despacio, caminando en plena consciencia, y se puso a escribir en la pizarra de forma consciente. Los estudiantes le preguntaron: «¿Profesor, está usted enfermo?». Y Henri contestó: «No, no estoy enfermo. Solo estoy practicando el caminar consciente. Me gusta hacerlo, siento mucha paz. Hay en mí mucha paz porque he aprendido a practicar la plena consciencia. ¿Puedo contar lo que hice en Plum Village». Y todos le escucharon.

Acordaron que cada quince minutos uno de los alumnos daría una palmada (no tenían campana de plena consciencia todavía) y todos, incluso el profesor, practicarían la respiración consciente y se relajarían sentados en la silla. Practicaban dejar de hacer lo que estuviesen haciendo y regresar a sí mismos en ese momento poniendo toda la atención en la inspiración y la espiración. Eso los ayudó a mejorar su capacidad de aprendizaje.

Al principio, era como un juego; pero con el tiempo, se convirtió en parte de sus vidas. Toda la clase se benefició de la práctica de la respiración y de sentarse en plena consciencia. Se dio una transformación, una sanación, y el aula de Henri realizó grandes progresos, se convirtió en una alegre familia.

Otras aulas de la escuela siguieron su ejemplo, y cuando Henri llegó a la edad de jubilación, la administración le pidió que se quedara unos años más. Pudo concentrarse en llevar la práctica de la plena consciencia a la escuela y aumentar la calidad de la enseñanza y del aprendizaje.

Lo que Henri experimentó está al alcance de cualquier educador. Con solo sentarse y respirar, puede ayudar a sus alumnos a sufrir menos y a ser felices. Los ayudas a generar una sensación de alegría y más tarde sabrán cómo generar esa sensación por sí mismos.

En nuestra mente hay una radio que funciona sin cesar, la radio PSP: Pensar Sin Parar. Cuando nos sentamos, apagamos la radio y disfrutamos de cada respiración de forma más profunda. La sanación y la nutrición se dan con más facilidad. Si estás concentrado de verdad en la respiración, aunque sea solo por un instante, descubrirás que, de forma natural, dejarás de pensar sobre el pasado o el futuro, sobre proyectos y preocupaciones, y desarrollarás tu capacidad para disfrutar con cada respiración de las maravillas de la vida en el momento presente. Eso se convierte en un hábito, pero requiere de cierto entrenamiento, al igual que jugar al pimpón o al tenis. Con la práctica, adquieres el hábito de disfrutar de la respiración al sentarte.

Durante la meditación sentada, por tanto, dejamos de hablar y calmamos el cuerpo y la mente. No dejamos que el pensamiento nos arrastre. Es muy beneficioso abandonar nuestro pensamiento sobre el pasado o el futuro y regresar al momento presente. El pensamiento es lo que nos aleja del aquí y el ahora. Si estás atrapado en el pensamiento todo el tiempo, te cansas y no eres capaz de estar presente.

El filósofo René Descartes dijo: «Pienso, luego, existo». Pero no estoy de acuerdo: «Pienso, luego, no existo aquí, no estoy realmente aquí para experimentar las maravillas de la vida». Si el pensamiento me arrastra, no puedo estar realmente presente. A veces el pensamiento es productivo, pero otras veces nos aleja de la experiencia de estar con la persona que está aquí, con lo que está pasando aquí ahora. Puedes calmar los pensamientos de forma natural si concentras la atención plenamente en la inspiración y la espiración. Observas un silencio elocuente, poderoso, que te permite estar totalmente vivo y presente para disfrutar de cada momento, de cada respiración. Ese silencio no es en absoluto opresivo: está muy vivo. Cuando paramos de hablar y calmamos el pensamiento y la respiración, volvemos a estar vivos, atentos a lo que ocurre en nosotros y en torno a nosotros. Podemos describir ese silencio como un «silencio atronador», tan poderoso como el trueno. Cuando nos sentamos y respiramos juntos de esta manera, podemos generar una energía colectiva muy poderosa que penetrará en cualquiera que esté en el aula, y contribuirá a su sanación y transformación.

La mente es como un río; los pensamientos son gotas de agua que se suceden en la corriente. Meditar es sentarse junto al río de la mente y reconocer cada pensamiento que aparece. Puedes practicar sentado con cada uno de esto versos durante una o dos respiraciones:

 

Consciente de mi inspiración, inspiro. Consciente de mi espiración, espiro.
Siguiendo mi inspiración, inspiro. Siguiendo mi espiración, espiro.
Consciente de mi cuerpo, inspiro. Consciente de mi cuerpo, espiro.
Calmando mi cuerpo, inspiro. Calmando mi cuerpo, espiro.
Generando alegría, inspiro. Generando alegría, espiro.
Generando felicidad, inspiro. Generando felicidad, espiro.
Consciente de una sensación o emoción dolorosa, inspiro. Consciente de una sensación o emoción dolorosa, espiro.
Calmando esa sensación o emoción dolorosa, inspiro. Calmando esa sensación o emoción dolorosa, espiro.

Imagina mil estudiantes sentados en silencio en una asamblea escolar practicando la respiración consciente para calmar el cuerpo y soltar la tensión gracias a una meditación sentada como esta. Los alumnos de ese grupo sentirán una poderosa energía que puede ayudarlos a calmarse y a sentirse más felices. Un niño o niña que se encuentre en la escuela dentro de un grupo que puede generar energía de amor y comprensión tendrá más oportunidades para transformar su sufrimiento. Una energía colectiva de paz, generada por la plena consciencia, es la respuesta.