El activismo con corazón según Jean Shinoda Bolen

La voluntad para cambiar una situación concreta o un problema más general a través del activismo es uno de los grandes temas que Jean Shinoda Bolen analiza en su libro Sabia como un árbol. En la obra, la reconocida autora reflexiona también acerca de sus experiencias personales y las motivaciones sanas que nos llevan a decidir actuar.

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A medida que aprendo sobre los árboles, y me informo sobre lo que les está sucediendo, hay otras preocupaciones y pensamientos que van surgiendo en mí en relación con ellos: los árboles, el calentamiento global, los efectos que este tiene en la tierra, en la vida animal y en los seres humanos más vulnerables del planeta (las mujeres y los niños que viven en la pobreza, y especialmente las niñas) como resultado del afán de las corporaciones por obtener beneficios a corto plazo, y también de mi propia colusión, según lo que como, compro y hago. Llego, dentro de mí, a una zona de malestar que conozco bien.

Tener conciencia obliga a elegir, y la elección trae consigo la responsabilidad de hacer algo.

Hay tanto que hacer, tantas causas por las que luchar, peticiones que defender. Al igual que el germen de este libro fue la destrucción de un árbol que poseía un significado especial para mí, todo lo que voy sabiendo tiene un efecto dominó, y provoca en mi mente asociaciones de pensamiento sobre lo que podría hacer, sobre lo que sé que otros hacen y sobre cómo el hacer algo, en vez de no hacer nada, sin duda me hace sentirme un poco mejor. Además, lo que quiera que hagamos cualquiera de nosotros, si nace del corazón, si nace del profundo conocimiento de qué necesita ayuda, y, por tanto, de la profundidad de quienes somos, será, cuando lo hagamos y como quiera que lo hagamos, la acción que ineludiblemente nos corresponde.

En el 2006, Rebecca Hosking se quedó horrorizada al ver que cientos de pájaros habían muerto debido a los pedazos de bolsas de plástico que tenían alojados en el estómago. Fue a Modbury, su pueblo natal, y convenció a los 43 tenderos de que accedieran a suprimir las bolsas de plástico (Adams, «Rebecca Hosking: Banning Plastic Bags», Time, 2009, pág. 52). Una mujer horrorizada y compasiva marcó la pauta y, para el año 2009, otras 80 localidades del Reino Unido habían seguido su ejemplo. En el 2007, la propuesta de Ross Mirkarimi, miembro del Consejo de Supervisores de San Francisco, de prohibir a los comerciantes el uso de las bolsas de plástico no biodegradables hizo de San Francisco la primera ciudad norteamericana en adoptar esta medida. Donde vivo, el momento de llegar a la caja de la tienda de comestibles es un momento de elección: ¿papel o plástico? (¿árboles o aves?) La solución que he encontrado es una gran bolsa multicolor reutilizable, que lleva escrito delante: «Solía ser una botella de plástico».

Desde que escribí Mensaje urgente a las mujeres he sido una mensajera que ha proclamado por el mundo entero: «¡La Madre Tierra te necesita!». Pero a la vez, por coherencia con mi trabajo de analista junguiana, hablo de lo importante que es asumir lo que tú reconoces que es su cometido particular, y no lo que otros te dicen que deberías hacer. Creo que cuando un cometido lleva tu nombre escrito, puedes reconocerlo gracias a tres preguntas a las que solo tú puedes responder: «¿Es significativo?». Todas las buenas causas lo son, pero ¿tiene esta verdadero valor para ti? La segunda pregunta es: «¿Disfrutaré con lo que haga?». Sin subestimar que será un trabajo, que quizá requiera valentía y tal vez haga que te tachen de bicho raro, pregúntate si estarás en buena compañía, si estarás rodeada de personas con las que puedas reír y llorar, atravesar los momentos difíciles y trabajar hombro con hombro.

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El disfrute tiene que ver también con conectarte con tu creatividad y hacer uso de quién eres para defender una causa que te toque la fibra más profunda.

Y la última es: «¿Está motivado por el amor?». El amor a lo que haces o a aquellos a quienes quieres ayudar o salvar genera energía; el corazón mide los éxitos por las pequeñas acciones tanto como por los grandes logros.

Tal vez no sientas una fuerte llamada inconfundible a tu alma de activista, sino que el deseo de cambiar las cosas y de encontrar la manera de hacerlo vaya creciendo en ti lentamente, paso a paso. Muchos activistas empezaron como voluntarios, y se les reclutó cuando participaban en actividades secundarias. Cuando se necesitaba ayuda, aparecían.

Con frecuencia, el activismo empieza por hacer una sola cosa y, luego, la que espontáneamente le siga. Tal vez empiece por leer algún mensaje de correo electrónico que te ponga los pelos de punta, que te haga tomar conciencia de algo que desconocías, o que apele a tu corazón compasivo. El primer paso activo puede que sean las peticiones que firmas y las donaciones que haces; quizá eso te anime a asistir a una reunión o a una conferencia, y, como una cosa lleva a la otra, descubras así tu cometido. Cualquiera que sea el camino que te lleve a encontrarlo, en cuanto lo reconozcas y te comprometas con él, es muy probable que exija de ti más de lo que esperabas, y que a su vez te dé también más.