Cómo procesa el cerebro humano la comunicación verbal y la no verbal

Catalina Pons explora en este fragmento de su libro Comunicación no verbal la relación entre comunicación verbal y no verbal. Para ello, expone los últimos descubrimientos científicos acerca del funcionamiento de nuestro cerebro y su capacidad de procesamiento de la gestualidad y la interacción. La autora da también una enorme importancia a las llamadas neuronas espejo y a la empatía, claves en cualquier comunicación satisfactoria entre dos o más personas.

Todos somos expertos «inconscientes» en lenguaje corporal, es innato, los seres humanos estamos preparados genéticamente para observar las señales del lenguaje corporal y entender su significado.

El funcionamiento del cerebro humano es muy complejo. La neurociencia en los últimos años ha avanzado mucho en su comprensión y en la actualidad conocemos mucho mejor cómo el cerebro procesa la comunicación verbal y la no verbal. Han sido los recientes avances de la neurociencia los que nos han permitido entender la importancia del lenguaje corporal en la comunicación humana.

De forma muy esquemática y simplificada, describimos el funcionamiento del cerebro y su forma de procesar la comunicación verbal y la no verbal.

El cerebro consta de tres partes: el cerebro reptiliano, el límbico y el neocórtex. El cerebro reptiliano, el más antiguo, controla las funciones vitales del cuerpo humano: respiración, ritmo cardiaco, temperatura corporal, sensación de hambre y sed, entre otras cosas, en definitiva se encarga de la supervivencia, tiene un comportamiento instintivo, automático y no consciente. El cerebro límbico gestiona las emociones, recibe la información de los sentidos y reacciona de forma inmediata, ante cualquier estimulo decide si es positivo o negativo y responde en consecuencia, su respuesta es inmediata, muy rápida y es el desencadenante de la toma de decisiones, el 90% de las decisiones se originan en el límbico.[1] Trabaja a nivel no consciente, actúa como el sistema de alarma del cerebro decide si existe algún peligro o no y toma las decisiones básicas de «huir o luchar», «confiar o desconfiar», «me gusta o no me gusta».

El neocórtex, la parte del cerebro más reciente, es el responsable del pensamiento consciente, se encarga del lenguaje, de la lógica, del análisis, etc. Su funcionamiento es más lento, el neocórtex racionaliza las emociones, pero lo hace nanosegundos después de las reacciones no conscientes y se expresa mediante la palabra. Emoción y razón no siempre están de acuerdo. Por ejemplo, en una compra por impulso, un estímulo sensorial hace que el límbico decida poner en el carro de la compra un perfume caro, una fracción de segundo más tarde la información llega al neocórtex, donde el impulso se adapta al contexto, valora si el precio es adecuado o no, si el perfume es necesario y toma la decisión final de compra.

El cerebro límbico es clave en la comunicación no verbal, tanto en la generación de sus formas de expresión como en la capacidad innata de interpretar su significado, este hecho explica por qué una gran parte del lenguaje corporal es universal.

Los seres humanos estamos genéticamente dotados para observar y comprender las señales del lenguaje corporal. Fue nuestra primera forma de comunicación y fue fundamental para sobrevivir. El límbico es el responsable de la valoración inmediata que hacemos cuando conocemos a una persona; en siete segundos juzga si puede confiar y si la persona es competente. Esta primera impresión que nos causa alguien se basa en su comunicación no verbal y su raíz es la necesidad ancestral de identificar el peligro. Por supuesto es una valoración no consciente, es instintiva; el límbico no nos pide permiso para llevarla a cabo.

En definitiva, la comunicación entre humanos se produce mayormente a nivel no consciente, el neocórtex puede procesar el equivalente a cuarenta bits de información por segundo, pero nuestro cerebro no consciente es capaz de gestionar once millones de bits por segundo. El límbico expresa las emociones a través del lenguaje corporal antes de que el córtex hable, es más rápido.[2]

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En mi trabajo entrenando directivos, abogados o médicos, muchos clientes se rebelan ante este hecho: ¿para qué he dedicado tanto tiempo a preparar la presentación si mis interlocutores me juzgarán antes de que empiece a hablar? Es cierto, pero si inviertes en desarrollar tus habilidades de comunicación no verbal, tendrás las claves para mejorar tu capacidad de proyectar lo que realmente quieres comunicar en cada momento.

Por último, en esta breve descripción de cómo el cerebro humano procesa la comunicación verbal y la no verbal, vamos a hablar de los fundamentos neurocientíficos de la empatía.

El neocórtex procesa el equivalente a 40 bits por segundo. El cerebro límbico procesa el equivalente a 11 millones de bits por segundo.

El neocórtex procesa el equivalente a 40 bits por segundo. El cerebro límbico procesa el equivalente a 11 millones de bits por segundo.

Empatía es la capacidad de ponerse en la situación del otro y percibir lo que siente. Esta habilidad instintiva e inmediata de sentir lo que otra persona está sintiendo ha sido ampliamente investigada, y desde la década de los 1990 se atribuye a las neuronas en espejo.[3] Cuando observas a alguien, tu cerebro imita las emociones de la otra persona, aunque no te muevas y no hagas los mismos gestos, mentalmente tus neuronas en espejo lo están haciendo. Si, por ejemplo, tu interlocutor sonríe, aunque tú no sonrías, tus neuronas en espejo provocan la activación de tus áreas cerebrales de la alegría y te hacen sentir la emoción positiva. Las neuronas en espejo nos permiten sentir y comprender las emociones de los demás. Antes del descubrimiento de las neuronas en espejo se creía que nuestro cerebro analizaba de forma racional y lógica las intenciones y emociones de los demás, pero resulta que no es un proceso intelectual, sino que realmente sentimos la emoción y es la raíz de la comunicación interpersonal, de las relaciones interpersonales, de la empatía. Sin esta capacidad, sin empatía, la comunicación interpersonal es prácticamente imposible o muy difícil.

El síntoma más claro de que dos personas se encuentran cómodas hablando es el momento en que su lenguaje corporal se sincroniza, adoptan la misma postura corporal, hacen los mismos gestos, sus caras expresan lo mismo, están en sintonía, están de acuerdo, es la máxima expresión de agrado e interés. El fenómeno se denomina mirroring. Lo podemos observar en todo tipo de situaciones, desde una conversación informal entre amigos hasta en una negociación complicada. Se produce de forma espontánea y no consciente; diferentes estudios han demostrado que en esos momentos incluso las ondas cerebrales de las dos personas están sincronizadas. Una forma de aprender a comprender mejor a los demás es duplicar su lenguaje corporal, imitarlo de forma sutil, ello no solo incrementa la capacidad de establecer una buena relación, sino que te ayuda a «sentir» su estado de ánimo.

 
Obama y Camerón conversando en armonía.

Obama y Camerón conversando en armonía.

 

Las emociones se contagian, el sistema límbico es un sistema abierto y los seres humanos interactuamos a este nivel, somos capaces de sentir las emociones ajenas y su impacto puede llegar a cambiar nuestro estado de ánimo. Cuando en un grupo un miembro del equipo está en contra de lo que se está debatiendo o está enfadado, aunque no lo diga verbalmente, su lenguaje corporal estará enviando mensajes negativos al resto del equipo, y el impacto de estos mensajes puede afectar el estado de ánimo de todo el grupo, generar conflicto y empeorar el rendimiento de todos. En el capítulo de Comunicación no verbal dedicado al liderazgo profundizaremos en los efectos positivos y negativos que pueden provocar las emociones del líder en todo el equipo.

A continuación te propongo ver un vídeo de cuatro minutos en el que se presenta de forma muy clara y amena el funcionamiento de las neuronas en espejo.

Otra gran aportación reciente de la neurociencia ha sido la constatación de que el lenguaje corporal, ya sean gestos, posturas o expresiones faciales, condiciona nuestra estado de ánimo. Numerosos estudios han demostrado que sonreír de forma forzada y artificial durante dos minutos provoca la activación de las áreas cerebrales de la alegría; cuando los músculos de la sonrisa se activan, el cerebro interpreta que estás contento. Sucede lo mismo con las expresiones de emociones negativas y con determinados gestos y posturas. Un estudio de la psicóloga social Amy Cuddy sobre las posiciones de poder, posiciones corporales abiertas y expansivas, demuestra que, si son mantenidas durante dos minutos, provocan cambios hormonales que alteran el estado de ánimo de la persona, la cual se siente más poderosa. En el capítulo de liderazgo lo comentaremos en profundidad, el impacto es tan potente que es una de las técnicas más utilizadas en los entrenamientos para la preparación antes de una presentación en público, una negociación importante o una reunión clave.

Notas:

  1. Antonio Damasio. Descartes’ Error. Emotion, Reason, and the Human Brain. Avon Books, Nueva York, 1995.

  2. Antonio Damasio. En busca de Spinoza. Neurobiología de la emoción y los sentimientos. Destino, Barcelona, 2013.

  3. Giacomo Rizzolatti, Corrado Sinigaglia. So quel che fai. Il cervello che agisce e i neurona specchio. Raffaello Cortina Editore, Milán, 2006. [Versión en castellano: Las neuronas espejo: los mecanismos de la empatía emocional. Paidós Ibérica, Barcelona, 2006.] Entrevista con el au‐ tor: http://www.youtube.com/watch?v=Sv1qUj3MuEc