Bici Zen: ¿Podemos meditar sobre dos ruedas?

Ciclismo urbano como meditación. El libro de Juan Carlos Kremier que te invita a meditar mientras te mueves en bicicleta

En algunas ocasiones, juntar dos ideas, aficiones o prácticas puede parecer algo excesivo o incluso poco natural. Si pensabas que la práctica del zen y la afición por viajar en bicicleta podían ser algo sin apenas relación, Juan Carlos Kremier y su libro Bici Zen han sido escritos desde la mayor convicción posible acerca del sentido de poner en común ambos conceptos mientras pedaleamos.

El propio autor es el mejor ejemplo y, proviene tanto de su conocimiento sobre el zen como de su hábito ciclista. En el Prólogo, el psicólogo humanista Joan Garriga suscribe las ideas de Kreimer y nos invita a comprobarlo por nosotros mismos. ¡En marcha!

 

Seleccionamos algunas breves ideas de Bici Zen para que puedas puedas unirte al camino tan pronto como desees. 

Si alguna vez al subir a la bici y empezar a pedalear,

tuviste la sensación de que tus actos

eran independientes de tu voluntad

y de que todo lo que estabas pensando se ponía en pausa

no necesito explicarte a qué me refiero.

El Zen lo llama presencia plena.

Juan Carlos Kreimer

 

Cuerpo, mente y bicicleta: una alineación equilibrada

Al meditar se alinean los diferentes cuerpos que nos componen (físico, emocional, mental y otros menos registrables), se anulan las interferencias de la mente y en nuestra conciencia se crea un contacto menos verbal con aquello que somos en profundidad y en esencia. A veces, alcanzamos cimas a las que no llega ningún pensamiento y al mismo tiempo nos parece estar y no estar presentes. No se diferencia entre lo observado y el hecho de que somos nosotros quienes observamos. Podemos permanecer allí o ir más lejos y volver cuando lo deseemos.

Aunque puede ser peligroso querer alcanzar ese estado sobre la bici, sintonizar con la meditación es aprovechar cada oportunidad para lograr integrar el continuo hombre-bici-camino («camino» incluye al entorno).

Esta perspectiva toma más sentido ahora que el ciclismo se ha vuelto una práctica generalizada, cotidiana y menos resistida. Muchos están descubriendo que andar en bici aporta una alineación interna y no solo una forma externa que sirve a sus necesidades.

 

Ir en bicicleta es como andar o hacer música

El andar no obliga a racionalizar cada movimiento: la misma dinámica hace que hagamos lo adecuado. Avanzo, luego pienso. Al igual que un instrumento musical, los hábitos operan a un nivel subconsciente, pues a partir de cierto grado de compenetración, el ejecutante, en la euforia de la ejecución, no puede detenerse a reflexionar cómo y qué hace para ejecutar cada acto. Se entrega a la música como el ciclista al pedalear.