Michael Harner: 7 factores que explican el retorno actual del chamanismo

La senda del chamán, de Michael Harner, es una de las obras fundamentales de la investigación moderna sobre el chamanismo y del nuevo «renacimiento» chamánico. 

La primera edición de La senda del chamán fue publicada en 1980. Diez años después, tras haber cosechado un enorme éxito y en pleno auge del interés por el chamanismo en Occidente, el antropólogo, fundador y director de la Fundación para los Estudios Chamánicos de Mill Valley, elaboró un prólogo aventurando varias razones que explicarían este retorno del chamanismo en nuestra contemporaneidad.

El retorno del chamanismo ha dejado perplejos a muchos observadores ajenos al movimiento y, por eso, me gustaría señalar algunos de los factores que han contribuido a su resurgimiento. Una de las razones que explican este creciente interés es que son muchas las personas, que educadas en la razón, han dejado atrás la Era de la Fe y ya no confían en que los dogmas y la autoridad eclesiástica vayan a proporcionarles evidencias adecuadas de los reinos del espíritu o, de hecho, evidencias acerca de la existencia misma del espíritu.

Las anécdotas de segunda y tercera mano, contenidas en textos religiosos contradictorios y circunscritos culturalmente a otras épocas y lugares, han dejado de ser lo bastante convincentes como para proveer paradigmas a su existencia personal, y exigen, por consiguiente, estándares más altos de evidencia.

El valor de la propia experiencia

La llamada «Nueva Era» es, en parte, un vástago de la «Era de la Ciencia» que ha aportado a nuestra vida personal las consecuencias paradigmáticas de dos siglos de seria aplicación del método científico. Los hijos de la Era de la Ciencia, incluido yo mismo, prefieren llegar, de primera mano y experimentalmente, a sus propias conclusiones en cuanto a la naturaleza y los límites de la realidad. Y, dado que no es una religión sino una metodología, el chamanismo nos brinda un modo de llevar a cabo este tipo de experimentos personales.

«El chamanismo no es una religión, es una metodología»

—Michael Harner

La Era de la Ciencia ha producido el LSD; y muchos de los que llegan al chamanismo ya han «experimentado», aunque de manera informal, los «viajes» propiciados por las drogas psicodélicas, aunque han descubierto que carecen de disciplina o contexto dentro del cual ubicar sus experiencias. Por ese motivo, han buscado mapas de viaje en determinados libros –de Castaneda y de otros autores–  para sus experiencias, y han detectado la cartografía secreta que proporciona el chamanismo.

 
 

LA «ECM» (Experiencia Cercana a la Muerte)

Asimismo, la Era de la Ciencia ha dado lugar a la ECM (experiencia cercana a la muerte) a gran escala, debido al nuevo nivel alcanzado por la tecnología médica, que ha permitido que millones de norteamericanos hayan sido devueltos a la vida desde un estado definido como «muerte clínica». Aunque no sean planificadas, las experiencias cercanas a la muerte constituyen experiencias personales que han puesto a prueba, y con frecuencia cambiado, las suposiciones previas de muchos de los supervivientes, tanto acerca de la realidad como de la existencia del espíritu. Estas personas también han buscado estos mapas, siendo muchas las que han recurrido, en el curso de su búsqueda, a los antiguos métodos chamánicos.

Este tipo de métodos requieren una disciplina relajada, así como concentración y tener un propósito. El chamanismo contemporáneo, como el de la mayoría de culturas tribales, suele utilizar sonidos monótonos de percusión para acceder a estados alterados de conciencia. Este método, libre de drogas, es sumamente seguro porque, en el caso de que los practicantes no mantengan el foco y la disciplina, simplemente retornarán a su estado ordinario de conciencia. Al contrario de lo que ocurre con drogas psicodélicas, ese estado alterado de conciencia no se atiene, en este caso, a fases predeterminadas.

El chamanismo en la vida moderna

Al mismo tiempo, los métodos clásicos del chamanismo son sorprendentemente rápidos y permiten –a la mayoría– alcanzar experiencias en el curso de pocas horas, que de otro modo supondrían años de cantos, plegarias o meditación silenciosa. Por esta razón, el chamanismo se adapta de manera óptima a nuestra vida contemporánea de personas atareadas, del mismo modo que se adaptaba perfectamente, por ejemplo, a la vida de los esquimales (inuits) cuyas horas diarias estaban llenas de tareas destinadas a mantener su supervivencia; sin embargo, dedicaban sus noches al chamanismo.

El desarrollo del enfoque holístico de la salud

Otro factor que explica el retorno del chamanismo es el desarrollo creciente de los enfoques holísticos de la salud que utilizan la mente de manera activa para ayudar a la curación y el mantenimiento del bienestar. Muchas de las prácticas de la Nueva Era en el campo de la salud holística se basan en el redescubrimiento, mediante experimentos actuales, de métodos que en el pasado fueron ampliamente conocidos en la práctica tribal y tradicional.

El chamanismo, en tanto que sistema que incorpora buena parte de este antiguo conocimiento, está recibiendo una creciente atención por parte de quienes buscan nuevas soluciones para los problemas de salud, con independencia de su naturaleza física o de índole mental‐emocional.[1]

«Técnicas específicas, utilizadas durante largo tiempo en el chamanismo, tales como el cambio de estado de conciencia, la reducción del estrés, la visualización, el pensamiento positivo y la ayuda procedente de fuentes extraordinarias, son algunos de los nuevos abordajes ampliamente utilizados en la práctica holística contemporánea»

—Michael Harner

 

El chamanismo como respuesta a la crisis medioambiental

Otra razón importante que explica la amplia aceptación que, hoy en día, recibe el chamanismo se halla en la ecología espiritual. En esta época de crisis medioambiental a escala mundial, el chamanismo proporciona algo de lo que carecen notablemente nuestras «grandes» religiones antropocéntricas: comunicación espiritual y respeto hacia el resto de los seres que habitan la Tierra, así como hacia el mismo planeta. Pero el chamanismo no se reduce a una mera adoración de la naturaleza, sino que es una comunicación espiritual de doble sentido, que resucita la conexión perdida que mantuvieron nuestros ancestros con la imponente belleza y poder espiritual de nuestro jardín terrenal. Los chamanes, tal y como señala el difunto y distinguido estudioso del chamanismo y las religiones comparadas, Mircea Eliade, son los últimos seres humanos capaces de hablar con los animales.[2] De hecho, yo añadiría que son los últimos humanos capaces de hablar con toda la naturaleza, incluyendo las plantas, los arroyos, el aire y las rocas. Nuestros antiguos ancestros cazadores‐recolectores reconocían que su entorno tenía el poder de la vida y la muerte sobre ellos, y consideraban que la comunicación con este era esencial para su supervivencia.

Actualmente, parte de nuestra sociedad también empieza a reconocer que el entorno tiene el poder de la vida y la muerte sobre su existencia. Tras una destrucción increíblemente irreflexiva y despiadada de las especies que pueblan el planeta, de la calidad del aire, el agua y la tierra misma, estamos empezando, si bien muy lentamente, a cobrar de nuevo conciencia de que la supervivencia de nuestra propia especie depende, en última instancia, de que aprendamos a respetar nuestro entorno planetario.

«Pero el respeto por sí solo no basta, sino que necesitamos comunicarnos, de manera íntima y amorosa, con «todos nuestros parientes»

—Michael Harner

 Las zonas selváticas que atraviesa el río Amazonas cuando se adentra en Perú son especialmente conocidas como "tierra de chamanes". 

Las zonas selváticas que atraviesa el río Amazonas cuando se adentra en Perú son especialmente conocidas como "tierra de chamanes". 

Como dirían los lakotas, también necesitamos dialogar, no solo con la gente humana, sino también con la gente animal, la gente vegetal y todos los elementos que conforman nuestro entorno, incluyendo el suelo, las rocas y el agua. De hecho, desde el punto de vista del chamán, aquello que nos rodea no es nuestro «entorno», sino nuestra familia.

¿Un retorno al antiguo camino del chamán?

Hoy en día, desde Zúrich a Auckland, desde Chicago a São Paulo, los seres humanos estamos retomando de nuevo el antiguo camino del chamán, frecuentemente en círculos de tambores o en grupos que se reúnen con regularidad para practicar y llevar a cabo trabajos de curación. Se trata de grupos autónomos, que trabajan del mismo modo que, desde tiempos inmemoriales, lo han hecho los chamanes, es decir, en pequeñas comunidades independientes que tratan de aprender, de ayudarse a sí mismos y de ayudar a los demás. Y estas comunidades informales son parte de una gran comunidad, ahora de dimensiones internacionales, si bien carente de jerarquías o dogmas porque, como en épocas tribales:

«Cada viajero chamánico individual encuentra directamente, en la realidad no ordinaria, su propia autoridad espiritual»

—Michael Harner

Los círculos de tambores acostumbran a reunirse una noche a la semana, o cada dos semanas, y suelen estar formados por entre tres y doce personas que van turnándose en la responsabilidad y dirección del tambor. Trabajando juntos, los participantes no solo practican música de tambor en vivo, sino que colaboran en un trabajo chamánico con el que tratan de ayudarse a sí mismos, así como a sus amigos y parientes. Y, si el grupo efectúa algún trabajo curativo para otros, lo hace gratis como un servicio espiritual. 

Persistiendo en sus prácticas chamánicas, han llegado a vivenciar que lo que la mayoría de la gente describe como «realidad» apenas alcanza a rozar la grandeza, el poder y el misterio del universo. Los nuevos chamanes suelen romper en lágrimas de éxtasis tanto cuando afrontan sus experiencias como cuando las transmiten a otros. Pueden dirigirse desde el entendimiento mutuo a las personas que han atravesado experiencias cercanas a la muerte y ven esperanza allí donde otros solo son capaces de percibir desesperación.

Cuando descubren la increíble seguridad y el amor de un universo que normalmente permanece oculto, suelen experimentar una transformación que les lleva a plasmar, de manera creciente en su vida cotidiana, el amor cósmico que con frecuencia encuentran en sus viajes. Aunque estén solos, no se sienten solos, porque han llegado a entender que nunca estamos realmente aislados. Como los chamanes siberianos, comprenden que «¡Todo está vivo!» y que, por doquier, están rodeados por la gran familia de la vida. Han retornado a la comunidad eterna del chamán, no confinada a las fronteras del espacio y el tiempo.


Notas:

[1] Véanse, por ejemplo, Achterberg, 1985; Dossey, 1988; Grof, 1988, y Lawlis, 1988.

[2] Eliade, 1964, pág. 99.

[3] Para mayor información acerca del counseling chamánico, véase Hamer, 1988.