¿Es viable un sistema económico basado en la empatía y el respeto por la naturaleza en vez de la competitividad sin límite?

El Dalái Lama, junto a reconocidos científicos y académicos de todo el mundo, llevaron a cabo un debate e intercambio de ideas para proponer otras vías más humanas y menos mecanicistas sobre los que basar la economía.

El libro Economía solidaria es una compilación de las ponencias de los asistentes a los debates y conferencias convocado por el Mind and Life Institute: científicos, filósofos y contemplativos aportaron claves desde todos los campos para fomentar el bienestar del planeta y sus habitantes.

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La economía capitalista ha dado muestras evidentes de su incapacidad para aportar un bienestar y una riqueza sostenibles de manera ecológica y ética. Sin importar el país en el que uno viva, el proceso de globalización ha acarreado enormes desigualdades y tanto el desarrollo tecnológico como el abaratamiento de costes están mermando la salud del planeta. ¿Necesitamos otro tipo de valores con los que organizar una sociedad y su sistema productivo? ¿A caso valores como los provenientes del budismo, que además del individuo contemplan una visión más allá del ego racionalista y las teorías liberales de la búsqueda del interés propio, no serían la clave para llevarnos hacia otro horizonte de convivencia?  

En  presentamos una selección de fragmentos de las expertas y luchadoras voces que protagonizan el libro Economía solidaria.

 

Egoísmo frente a altruismo: debate desde una perspectiva psicológica

Daniel Baston: psicólogo experimental, profesor emérito en la Universidad de Kansas y autor de Altruism in Humans (Oxford University Press, 2011).

«Según el pensamiento occidental, sobre todo en psicología y economía, existen grandes dudas y discusiones sobre si el altruismo y la compasión tan siquiera existen. La convicción es que toda acción humana, por muy noble y aparentemente generosa que parezca, está motivada por el interés propio o el egoísmo. La pregunta siempre es "¿Qué hay para mí?”. Desde nuestra posición como psicólogos investigadores, mis colegas y yo hemos intentado abordar este aspecto y ver si el punto de vista occidental es correcto».

«¿Los seres humanos somos verdaderamente capaces de ser altruistas? […] Según una explicación altruista, beneficiar al otro es nuestro objetivo último. Lo que nos preocupa es el bienestar del otro. Y sí, nosotros también nos beneficiamos. Nos sentimos mejor con nosotros mismos, quizás nos alegra que el otro se sienta mejor y evitamos el sentimiento de culpa, pero todo ello son consecuencias no intencionadas. Suceden, pero no constituyen la causa de nuestra acción. Actuamos porque queremos ayudar al otro, no ayudarnos a nosotros mismos. El rompecabezas de la investigación es: "¿Cómo determinamos cuál es el objetivo último de una persona en una situación concreta?" Actuamos para beneficiar al otro, pero ¿ese es un objetivo instrumental o es el objetivo último?»

«Creo que el proceso empieza con la valoración del bienestar del otro. Si no valoramos el bienestar del otro, aunque percibamos que ese otro tiene una necesidad, no llegaremos a una implicación empática.»

—Daniel Baston

«¿Qué es lo que nos hace experimentar una motivación inducida por la empatía? Parece que hay dos cuestiones clave: valorar el bienestar del otro, y percibir que el otro tiene una necesidad. Creo que el proceso empieza con la valoración del bienestar del otro. Si no valoramos el bienestar del otro, aunque percibamos que ese otro tiene una necesidad, no llegaremos a una implicación empática. Pero si lo valoramos, ambas cosas juntas generarán implicación empática y eso es lo que crea motivación altruista, por lo menos esta forma de ella. Mi pregunta es: ¿qué relación existe entre esta visión y la visión budista de la compasión?.»

 

 

Thupten Jinpa: se educó según el sistema monástico tibetano y recibió el máximo grado académico de Geshe Lharam. Jinpa también es graduado en Filosofía y doctor en Estudios religiosos por la Universidad de Cambridge (Reino Unido). Es el principal traductor de su Santidad el Dalái Lama desde 1985 y presidente del Institute of Tibetan Classics así como de la junta directiva del Mind and Life Institute.

«Para poner un ejemplo, en el contexto budista se habla de la forma más elevada de un estado mental altruista al que nos referimos como mente despierta o bodhicittaBodhicitta se caracteriza principalmente por dos aspiraciones. Una es la aspiración a buscar el despertar absoluto en beneficio de todos los seres, es decir, centrado en el otro, considerando al otro. Pero junto a esta aspiración también hay otra que busca la iluminación propia. Por lo tanto, incluso aquí se reconoce la presencia del propio interés».

 

La empatía y la corteza interoceptiva

Tania Singer es neurocientífica y desde 2010 es directora del departamento de Neurociencia Social en el Max Planch Institute for Human Cognitive and Brain Sciences en Liepzig, Alemania.

«La empatía es la capacidad de compartir indirectamente un sentimiento con otra persona. Tú sientes dolor, por lo tanto, yo siento dolor. Comparto un sentimiento parecido al tuyo. Pero, al mismo tiempo, sé que ese dolor que siento no es mío: sé que siento tu dolor indirectamente. Aquí, a diferencia de lo que ocurre en el contagio emocional, existe una clara distinción entre yo y el otro. Esta cualidad de compartir emociones o empatizar con otros no está asociada necesariamente a una motivación o comportamiento prosocial. La motivación prosocial requiere implicación y compasión respecto al bienestar del otro, lo cual, a su vez, lleva al comportamiento prosocial, o comportamiento que beneficia al otro.

«La empatía puede generar una motivación y un comportamiento prosocial, pero no necesariamente. Por ejemplo, si tu dolor se refleja en mí con demasiada intensidad y resulta que al final experimento angustia personal, lo que querré será reducir mi propio sufrimiento e incluso tal vez quiera alejarme de ti o me enfade contigo por influirme tan negativamente. Eso acabaría siendo justamente lo contrario de una motivación de un comportamiento prosocial».

«Ahora quiero establecer la diferencia entre empatía y compasión. En el caso de la compasión —lo que Dan Baston ha denominado también implicación empática y que otros llaman solidaridad— se tiene una verdadera implicación e interés por el otro. Cuando nos enfrentamos al sufrimiento de otra persona, no necesariamente compartimos el mismo sentimiento, sino que podemos sentir calidez y amor. Así pues,  no es que simplemente sintamos como siente el otro (que es lo que sucede con la empatía); aquí sentimos por el otro y nos motiva aliviar su sufrimiento. Creo que esto está muy cerca de la noción budista de la compasión, y esta distinción entre empatía y compasión es crucial. 

«La empatía sola no basta para generar una motivación y un comportamiento prosocial, tiene que transformarse en compasión o implicación empática».

«La pregunta es: si las redes de nuestro cerebro están preparadas para una resonancia y una interconectividad de índole tan afectiva respecto a otros seres, ¿por qué no empatizamos siempre con todo el mundo? ¿Cuáles son las condiciones que pueden bloquear las respuestas empáticas, o incluso revertirlas, y generar un sentimiento opuesto de schadenfreude? Schadenfreude es una palabra alemana, pero creo que todos conocemos este sentimiento. Significa alegrarse por el sufrimiento del otro en lugar de compartirlo».

«Así pues, empatía y schadenfreude representan esencialmente dos sistemas motivacionales antagonistas. Si la actividad de un sistema es alta, la actividad en el otro es baja. Además, demostramos que cuando la actividad cerebral relacionada con la empatía es alta, es más probable que ayudemos a otra persona que siente dolor. Sin embargo, si el schadenfreude es alto nos abstendremos. Por lo tanto, las señales cerebrales empáticas en la corteza interonceptiva predicen un comportamiento dispuesto a ayudar, mientras que las señales cerebrales de schadenfreude predicen la ausencia de tal comportamiento prosocial. De hecho, en lo que a predicción se refiere, las señales cerebrales son mejores de lo que la gente dice sobre su voluntad de ayudar o no. La gente no siempre es sincera cuando se trata de reconocer actitudes diferentes ante miembros pertenecientes al grupo o ajenos a él».

 

Las bases neuronales de la compasión

Richard Davidson es profesor de Psicología y Psiquiatría, director del Waidman Laboratory for Brain Imaging and Behavior y fundador y presidente del Center for Investigating Healthy Minds en la Universidad de Wisconsin, Madison.

«Quiero distinguir tres clases de empatía. La primera es una empatía de valencia negativa, que se basa en la tendencia a experimentar sentimientos de preocupación o dolor como respuesta al sufrimiento de otra persona. La empatía de valencia positiva es la tendencia a expresar una emoción positiva como respuesta al sufrimiento de otra persona, como medio para aliviar el sufrimiento de esa persona y para instilar en ella un estado emocional positivo. La tercera variedad es una de la que no solemos hablar en la literatura científica sobre la empatía: en budismo sería considerada una de las cuatro brahmaviharas (son las cuatro virtudes que se encuentran en la doctrina budista: amor-bondad o benevolencia, compasión, alegría por la simpatía y ecuanimidad). Se trata del gozo por la simpatía, que es la tendencia a experimentar sentimientos de buena voluntad y placer como respuesta al sentimiento de felicidad de otra persona».

«Entre los expertos, la meditación compasiva afecta de forma espectacular la reactividad del cerebro ante estímulos que describen sufrimiento; y entre los principiantes, dos semanas de formación modifican el cerebro e incrementan el comportamiento altruista».

«En conjunto, todos estos hallazgos ilustran cómo la biografía y la experiencia modelan significativamente nuestro comportamiento altruista. Pero nuestros niveles de altruismo y compasión no son fijos: los circuitos neurales asociados a la compasión son plásticos. Creemos que mediante una formación adecuada, sobre todo una formación que comience en las primeras etapas de la vida, es posible fomentar la compasión en un gran segmento de la población».

Primeros pensamientos para una economía budista

Su Santidad el Dalái Lama es el líder del budismo tibetano. Ganó el premio Nobel de la Paz en 1989 y es cofundador del Mind and Life Institute.

«Si utilizamos el término economía budista, la gente tendrá inmediatamente la impresión de que hablamos de un tipo de sistema económico orientado al dinero según el budismo, pero si lo llamamos economía interna, evitaremos esta confusión. Sin embargo, me pregunto si en este caso, realmente sería un uso legítimo del término economíaSegún el concepto budista, existe una noción de lo que denominamos siete nobles riquezas, phak pai nor dün, que incluyen la confianza, la sabiduría, la integridad ética, la generosidad, etcétera».

— S.S. El Dalái Lama

 

El Dalái Lama conversa con Ernst Fehr 

Ernst Fehr es profesor de microeconomía y economía experimental y director del departamento de Economía en la Universidad de Zúrich.

«Tengo una duda que me planteo debido a mi forma de pensar como economista. A los economistas nos enseñan que "las preferencias de la gente son las que son", y con “preferencias” me refiero a los objetivos y deseos de la gente; pero no queremos influenciarlas. Cuando los economistas pensamos en mejorar la sociedad, en hacer del mundo un lugar mejor, pensamos principalmente en cambiar leyes, instituciones y reglas, pero no pensamos en cambiar al individuo».

«Por ejemplo, muchas personas dicen que la codicia provocó la crisis económica. Sin duda fue uno de los factores que impulsó la crisis; sin duda es una parte de la historia, pero ¿cómo resuelvo el problema? ¿Mando a todo el que sea codicioso a un campo de reeducación para convertirlo en alguien altruista, o cambio las leyes y las reglamentaciones de tal forma que sus deseos codiciosos se canalicen a través de una vía prosocial? Como científico suelo inclinarme por la segunda opción. Quiero cambiar las leyes, las normas sociales, las reglamentaciones, quiero que el problema tenga una solución colectiva, no una solución individualizada».

«La pregunta que le hago es: ¿cómo lo ve usted desde una perspectiva budista? ¿Qué peso emplea usted en cambiar a la gente en comparación con el que pone en cambiar a la sociedad en el sentido de mejorar las instituciones y las reglas?»

Responde: S.S. el Dalái Lama:

«Pongo el mismo peso en ambas, con el mismo énfasis. Si las personas no cambian en general, su forma de vivir, de pensar… si eso no ocurre, por muy bonitas que sean las leyes, habrá corrupción de un modo u otro. Hace poco, uno de mis amigos indios me explicaba que ciertas normas federales, y estatales, están muy bien pero no su implementación. Los supuestos responsables de llevar a cabo este trabajo, no lo hacen bien. Por muy bonitas que parezcan las resoluciones sobre el papel, si aquellos que han sido designados para ejecutarlas no se comportan como deben, el cambio resulta muy difícil».

«Y no podemos culpar solamente a esas personas; esas personas proceden de una sociedad en la que no se da mucha importancia al altruismo ni un verdadero interés por el bienestar de los demás. La gente que viene de una sociedad como esta adopta estos hábitos. Por lo tanto, tenemos que trabajar en los dos niveles, y básicamente, en la educación.

A menudo discutimos sobre el sistema educativo. Si desde un buen principio, desde párvulos sensibilizáramos a los niños, el altruismo acabaría formando parte de sus hábitos. Entonces existiría una posibilidad real de cambiar la sociedad y, finalmente, de mejorar globalmente».

«En algunas zonas remotas de la India, y en el pasado también en el Tíbet, existen comunidades en las que nadie cierra nunca la puerta de su casa porque la gente es autodisciplinada y honesta. ¡No hay ladrones! Una persona que tenga hambre puede llegar y coger algo para comer y nadie protestará. En algunos de estos casos, puede que se trate de gente muy pobre y que, por lo tanto, no tiene nada que perder, pero son personas tan abiertas y confiadas, que cualquier desconocido será bienvenido; comparten con igualdad. Desde luego, son muy escasas las poblaciones con este estilo de vida tan simple. En ocasiones, una vida más lujosa y sofisticada aumenta la codicia. Si tu codicia aumenta, también lo hará la de tu vecino; y así es como nace la desconfianza, pues un sentimiento conlleva el otro automáticamente».

«Otro caso tibetano: uno de mis amigos es muy buen monje, muy buen practicante, y actualmente es abad de uno de los monasterios del norte de la India. Una vez entré en su habitación y vi que tenía una especie de caja sin cerrar. Le pregunté:       "¿Cómo es que no has cerrado esta caja?", y el me dijo: ¡Porque no hay nada dentro!».

«Esta anécdota me recuerda la historia de Milarepa, el famoso poeta y santo tibetano. Estaba Milarepa en su cueva una noche cuando se presentó un ladrón. El poeta se echó a reír y le dijo al ladrón: Qué vas a encontrar que no haya encontrado yo a la luz del día?».